miércoles 9 de febrero de 2011

Peor que la rabia

Nada me parece más bochornoso, pero voy a dedicarle unas líneas a los tristes devaneos por la segunda división del fútbol español (paradójicamente llamada ''Liga Adelante'') de un club otrora respetable, al menos en el aspecto deportivo. Pero allá vamos, porque el gato (blog) es mío y me lo follo cuando quiero.

¿Es tan bochornoso dedicarle una entrada a esto? Francamente si. Primero, porque la situación en sí es un generador de desinterés...en personas  voluntariamente interesadas. Segundo, porque aun vencido ese desinterés, el público potencial es bastante escaso, y el resto de la gente puede hasta encontrar molesto que le dé la paliza con uno de los cientos de clubes deportivos de similar estátus que hay en el mundo. Por último, aunque no por ello menos importante, porque se trata de algo tan podrido y hasta cierto punto accesorio como el fútbol profesional. Con demasiada gente dando vueltas siempre alrededor de los mismos gastados ejes de la prensa rosa futbolera, antes llamada deportiva. Con demasiado trastornado yendo al estadio a comportarse como un demente refugiado en el relativo anonimato de la masa. El fútbol es, tal vez, el fenómeno mediático más sobado, prostituido y ultrarrepresentado de la España actual. Un fútbol muy concreto: liga ''a la escocesa'', polémicas extradeportivas y redundancia en detalles cotidianos nimios de los divos del balón; dejando de lado, salvo honrosas y contadísimas excepciones, el análisis técnico, la reflexión en perspectiva y la información sobre la actualidad de cualquier equipo que no sea el F.C Barcelona, el Real Madrid o el Atlético de Madrid. En resumen: ODIO ETERNO AL FÚTBOL MODERNO.                                             
Tras esta breve diserción general, parece que hay algo de ''miga'' para el análisis sociológico en la crisis de una banda de cutres y los pardillos que la sufren -esperemos que de forma disociada de su estado emocional general-más o menos porque les da la puñetera gana. Pero tengo todavía otro pequeño truco del oficio: ponerle un nombre de moda para darle cuerpo al concepto. Que tenga gancho, sea flojo o no.

''El Zeitgeist de la Era Suárez'' resultó ganador, siendo finalista ''De cómo el Pucela da todo el asco''. Zeitgeist porque siempre me pareció un concepto curioso y porque anda reciente la tercera parte del documental homónimo, quizás la más potable de las aparecidas hasta ahora, pero tozuda en algunos de sus puntos argumentales más flojos.

El Real Valladolid, como tantos otros equipos de la LFP, surgió en los años 20 del siglo pasado. Unas décadas después, a mediados de la centuria, era un club con cierta pujanza, que atraía talentos de las región, aportaba internacionales con cierta regularidad y empezaba a consolidarse como equipo de primera división. Un equipo con fama de aguerrido que jugaba en un estadio ''revoltoso'' como el viejo Zorrilla, de donde no era fácil sacar puntos. Pero ese es un fútbol vallisoletano que no conocí. Salvo contadas temporadas, 3 o 4 quizás, mis 15 años de abonado han sido una mezcla de sinsabores de todo tipo: directivas pasotas, juego mediocre, entrenadores sin personalidad, ausencia de proyectos deportivos coherentes, fichajes sospechosos y venta de los jugadores que ilusionan a la media temporada de empezar a despuntar son sólo algunos de ellos. En el fondo, nada peculiar. La sensación de lejanía, el desinterés por una comunicación transparente y sólida con la afición, el deterioro del Estadio y alrededores son pequeñas puyas que podrían ignorarse si el ''bloque'' deportivo funcionase, pero cuando ni siquiera existen señales de reacción, aparecen como tomaduras de pelo puras y duras. La ausencia de ''inputs'' positivos hace que, poco a poco, el rol de consumidor tome el mando, relegando al de aficionado. Y el consumidor es el ''poli malo'', no el niño indulgente por enfermiza ilusión y plenamente accesible al chantaje emocional. El consumidor exige, ve al club como una empresa de ocio rodeada de un entorno competitivo de empresas de ocio con las que perder su tiempo: o el club-empresa ofrece algo, o se queda sin cliente, al menos temporalmente. 

El Zeitgeist del Nuevo Zorrilla (el termómetro de nuestra afición), nuestro ''espíritu del tiempo'' ya no es la rabia, ni siquiera la pura resignación fatalista. Es algo bastante peor, un híbrido de ambas llamado desafección amarga, pues no se produce de forma natural y gradual, sino como una interrupción brutal, vivamente autoconsciente y casi inmunológica del interés. El silencio que prefiere  mirar al verde que a sus jugadores, la leve desaprobación, espasmos de rabia mezclados con el ansia de encontrar algo que rescatar entre los escombros. Si hiciese una entrada sobre el Zeitgeist de la juventud española, podría acabarla con sutiles retoques a este último párrafo.