Esta ronda la pagamos nosotros. Llevamos meses escuchando las estrategias de FMI para otros países en su nuevo desembarco en la UE, medidas que van en el sentido de recortes sociales para, supuestamente, aumentar la competitividad de la economía, un aumento que nos debería beneficiar a todos. Personalmente, creo que esto es una gran mentira. Más aún, cuando recortamos el gasto en I+D+i. Vamos en una dirección en la cual siempre se penaliza a la clase media y baja, las medidas sobre las rentas altas, los bancos y las grandes empresas son difusas o inexistentes. O no tanto...ya que, entre todos, hemos pagado un ''rescate'' a la banca en el cual el secuestrado era el Gobierno. La gente que toda su puta vida ha estado madrugando para ir a currar, con crisis o sin ella, es la que más lo está pagando, no los que se enriquecieron: se creó una espiral de sobrevaloración de los valores inmobiliarios y otros en la que las ganancias parecían siempre crecientes, algo que los bancos aprovecharon para jugar con mucho más dinero flotante de lo que podían respaldar con lo disponible. Luego, como suele hacer su ''mano invisible'' del mercado, la cosa pinchó y no sabían de dónde cobrar lo prestado. Papá Estado al rescate con el dinero del contribuyente, y todos tan contentos. Un dinero incierto, nacido de la especulación y el negocio inmoral, se convirtió en dinero contante, limpio y sonante a cuenta de los españoles (y los estadounidenses, etc) para aumentar el crédito...es decir, el dinero que pueden prestarnos en condiciones leoninas para enriquecerse a nuestra costa. Ahí todo el mundo pilló cacho con las recalificaciones y otros chanchullos, pero salvo unos cuantos escándalos de corrupción muy sonado, ¿quién paga?. Hay dirigentes políticos corruptos que se aferran al cargo, banqueros que invirtieron en mierda y se suben el sueldo y las jubilaciones, empresarios que subcontratan hasta el infinito y hacen funcionar la economía sumergida aquí y en países en vías de desarrollo que se asustan porque sus ganancias abominables ya sólo son vergonzantes.
Pero la culpa es nuestra. Somos gentuza que aspira a contratos indefinidos, sueldos dignos, condiciones laborales decentes y al bienestar social a cuenta del Estado que entendemos como la compensación de un esfuerzo solidario en forma de impuestos (como la futura subida del IVA, de carácter opuesto a la redistribución de la riqueza, que vamos soportando como podemos). Nos quedamos sólo con lo bueno del capitalismo: teles de plasma, ordenadores, coches...pero cuando tiene hambre y decide sacrificarnos para saciarlo nos ponemos a lloriquear. Esta es la filosofía del FMI, una filosofía de la esclavitud, la dependencia, el unilateralismo y el retroceso en derechos. Estas son las condiciones de los ''rescates'' del FMI en Grecia y Letonia. Esa es la moda en la política económica internacional. Los grandes bancos y empresas externalizan las consecuencias negativas de su actividad económica en las familias ante la escasa protección social, tomando partido en una política de agresión a las clases populares. Pero cuando las clases populares contestan, se las vé como masas de exaltados infantiles y chillonas, como ha pasado en Grecia. Que algo habría, pero en los medios de masas no se ha dicho gran cosa sobre el CONTENIDO de la protesta...basta contrastar las informaciones de Indymedia, La Haine, Alasbarricadas u otras fuentes de contrainformación reticulares basadas en una filosofía horizontal y participativa.
¿Qué es lo que crece en la economía? Crece la dualización, la competencia por empleos precarios, la desprotección social, y los bolsillos de los de siempre. La flexibilidad es una estafa: no se trata de un proceso de ajuste mutuo, sino de un ajuste a la baja, porque el empleador está respaldado por un capital que le permite imponer sus reglas de juego a empleados futuribles que necesitan cor urgencia ponerse a trabajar. Pongamos un caso arquetípico: en un mundo de una sóla ciudad, aparece la necesidad de unos 30 jardineros. Hay en el mercado laboral unas 40 personas capaces de desempeñar esas funciones, contando gente que podría dedicarse a otras cosas, y dos empresas de jardinería. Los defensores de la flexibilización dirían que abaratar el despido, liberalizar los salarios y reducir los contratos indefinidos contribuiría a una sociedad más justa y autorregulada cual Gaia económica, en la que las empresas contratarían a empleados más capaces, compitiendo entre ellas por llevárselos, lo que, amén de permitir unos jardines hermosísimos, haría que su nivel de vida fuese alto. Así, pujarían primero por los más aptos, para ir descendiendo el precio y las condiciones de trabajo hasta los mediocres, que, no obstante, podían mejorar y buscar otro trabajo si creen que no se les reconoce. Los ineptos deberían formarse más o cambiar su forma de ser, y no se les llamará hasta que lo hagan o existan contingencias como bajas laborales, temporadas de mucho ajetreo…Esto hará que se esfuercen por ser mejores, lo cual va en beneficio de la productividad general y de ellos mismos. Como todo sería tan eficiente, siempre habría beneficios para que las empresas, por lo cual podrían ampliar su plantilla de empleados o mejorar la existente (fichando talentos de la otra empresa, jóvenes prometedores de módulos de jardinería, invirtiendo en formación…), así como creando nuevas empresas, favoreciendo la movilidad laboral y la máxima empleabilidad, con una tasa de paro residual y compuesta por lúmpen (curiosamente, un término marxista que viene al pelo) que si no trabaja es porque no quiere. Esto te lo cuentan desde Adam Smith hasta el casposo de turno de Interconomía, el Presidente del Gobierno o el jefe de la Patronal. Este es el cuento de hadas capitalista, ¿te lo crees?.
En otro mundo de una sóla ciudad, existe un tapón en el mercado de trabajo de jóvenes jardineros ‘’sobrecualificados’’ pero inexpertos. Pero no es el único atasco en la parte estrecha del embudo: jardineros parados ya talluditos, experimentados pero con menor capacidad física, desempleados de otros sectores dispuestos a cualquier trabajo, sus esposas que se ven obligadas a intentar meter un sueldo en casa… Los empresarios de jardinería se frotan las manos. La ampliación de 30 empleados ha supuesto la jubilación anticipada (y subvencionada por el Estado) de 10 trabajadores con antigüedad y convenios ‘’molestos’’ regulando sus condiciones laborales. Pese a que se han contratado 30 nuevos jardineros, harán el trabajo de 40 si no quieren ir al paro al final de su contrato temporal con un sueldo ridículo. Pero no bajará el precio que cobra la empresa por el servicio de jardinería, así que ya sabemos dónde se queda el dinero. La meritocracia premia la iniciativa, la esforzada imposición de la ‘’ley de hierro’’ de los salarios para explotar y alienar a tus semejantes te convierte en rico por una buena decisión (arriesgar capital en la creación de una empresa) y los condena a una vida de miseria económica y esclavitud legal. Aprietas: más carga de trabajo, más horas extra sin remunerar, destajos, ERES. Subcontratas a empresas que contratan ‘’en negro’’. Contratos de prácticas gratuitos y con ausencia de carácter formativo. Subes tus requisitos: ahora ‘’necesitas’’ que tus jardineros sean licenciados en Biología y que tengan conocimientos certificados de informática e idiomas. Eso hace que la gente tenga que esforzarse, personal y económicamente, en mejorar sus habilidades para conseguir trabajo, pero esta mejora no tiene compensación salarial, porque la misma posición dominante que permite al empresario exigir hasta el infinito, permite que no se vea obligado a mejorar los salarios, con la permanente amenaza de recurso al ‘’ejército de reserva’’ de parados, cada vez más numeroso y necesitado, cada vez, por tanto, con más tragaderas. Luego culpará al Estado del aumento de la pobreza: sus subsidios crean pereza, sus servicios públicos impiden la libre competencia, si todo el mundo fuese tan cabrón como nosotros, todos estaríamos mejor. Esa opinión se va haciendo dominante entre los grupos de presión económica, y poco a poco va entrando en el debate público: se reenmarca, se hace un trabajito de ‘’agenda setting’’ y se le vende a las menguantes clases medias como el remedio definitivo. Aparece el mundo ideal capitalista, en el que los trabajadores cobran siempre lo mínimo para subsistir, su colchón de protección social se externaliza a las familias y la supuesta libertad del mercado se transforma en una horrenda esclavitud para quien va a nacer en el lado equivocado. Las clases medias se quedan pobres, con cara de bobos y encima se sienten culpables en su profunda creencia en una meritocracia delirante.
¿Quién nos defiende? Un sindicalismo con escasa representatividad, poca afiliación y aún menor militancia. Un sindicalismo al que quizás hemos perdonado durante largo su dependencia económica, su inmovilismo, su papel de agente social mediador más o menos infensivo, pero que debería reaccionar. No haciendo el payaso y el pancartitas, no convirtiendo las manifestaciones en carnavales de eslóganes vacíos de contenido, no expandiendo su máquina burocrática, sino plantándose ante la injusticia y el recorte de derechos. Hay que recuperar una posición de fuerza de la clase obrera como agente negociador, no queremos ir a la baja, ellos nos representan y deben hacerlo llegar. Bueno, eso de que nos representa…yo no he decidido subvencionar cultos religiosos ni sindicatos con mis impuestos, pero supongo que los intereses económicos de sus afiliados no son muy diferentes a los míos. Pero son rehenes: rehenes de su financiador principal, el Estado (que no sus afiliados); rehenes de una correción política casposa, rehenes de una espiral burocrática que ha creado sus propias oligarquías, clientelismos y actividades económicas. Son cautivos de su propio silencio. No puedo esperar que sean ellos quien defiendan mis intereses en esas condiciones, pero qué menos que una huelga general, señores. Que yo sepa, sólo CNT ha mostrado su repulsa a esta deriva de traición de clase del ‘’sindicalismo oficial’’, y sus propuestas informativas y voluntad de movilización son serias y honestas. Pero claro, son ‘’los anarquistas’’, el terror revolucionario. Son tu equipo perdiendo y volcado al ataque hasta con el portero en el minuto 89, con más corazón que cabeza. Son el sentimiento moral llevado al extremo antisocial, los propulsores del retorno consciente a las cavernas. Nos identificamos con ellos, envidiamos que donde nosotros nos dejamos sodomizar una vez para evitar otras dos porculadas, ellos pegan una patada en los huevos, pero esas no son formas: hay que discutir civilizadamente mientras te hacen sangre en el culo, y si hace falta, volver al día siguiente a seguir discutiendo mientras te levantan las costras a golpe de picha. Para aquello de sentir que defendemos lo nuestro ya tenemos las batallitas de la Transición y los grupos de Facebook. Somos la clase pisoteada aquí, en África, en EEUU, en cualquier lugar, pero tragamos con la esperanza individual última de ser algún día los que podamos pisar a los demás.
miércoles 12 de mayo de 2010
What crisis?
Etiquetas:
Futuro,
Sociologia
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

6 comentarios:
Huelga, huelga, huelga! Huelga general! Vale, pero ¿y después qué? ¿Cómo salimos de esta deriva? Y lo más importante, ¿queremos salir?
Desconfía de quien te ofrezca respuestas definitivas.
A mi me gustaría salir de esa deriva, francamente...pero claro, yo no pinto una mierda, soy un número más en registros varios
Pues eso. El panorama ofrece una imagen un tanto pesimista, no?
Espero que me rebatas lo siguiente, que por algo sabes más de sociología... pero de física yo sé un puñao, y los sistemas termodinámicos no cambian su estado porque sí. Y ahí va mi planteamiento: las masas sociales, a modo de sistema termodinámico, no cambiarán su forma de actuar per sé, hace falta un enemigo, un fin y una propuesta... es decir, una respuesta definitiva que necesariamente ha de estar enunciada por un líder (sea una persona, un grupo de presión, o un sindicato). Ahí está el problema: hace falta confiar en alguien primero, y que ese alguien no te salga rana después.
Francamente, el abandono de esta forma de hacer las cosas no parece muy plausible cuando uno mira a su alrededor (siendo a su vez parte del sistema, ojo!). A no ser, claro, que ocurra una catástrofe de proporciones bíblicas...
El caso es que las masas sí que cambian su forma de actuar por sí mismas, constantemente. Es porque, en sí, no existe un ámbito de consciencia distinto de los individuos que la componen, lo llamamos masa en plan descrptivo, para entender que ahí pasan cosas, pero sólo hay gente con sus movidas. Y las personas son algo bastante impredecible, capaces de actuar incluso contra sus intereses por alteraciones en la definición de los mismos. El fin es vivir mejor, en una sociedad más justa y libre, lo cual se descompone en infinitos objetivos programáticos urgentes para ir abordándolos. Es ir mejorando poco a poco, pero no se sabe dónde se puede llegar, no hay un objetivo final claro, es difícil vender a la gente de hoy en día grandes luchas de grandes ideas con grandes hombres, la cosa cada vez funciona más a lo red neuronal relativamente caótica. No necesitas un líder concreto, necesitas liderazgo, capacidad no coercitiva para ser una referencia con una legitimidad (confianza) suficiente. Claro que confiar o no es algo en parte arbitrario, en parte muy personal, pero todo el mundo tiene su idea de una sociedad mejor (aunque se trate de una sociedad horrible para los demás), y no tiene más que encontrar gente de la que podrá fiarse porque se vea reconocida en sus intereses e identidad. Una vez que la tenga, puede ir moviéndose, así funciona cualquier asociación. Todas se fundan en la confianza y procuran curarse de que la cosa no salga rana ( o no se enrolan si ven que puede salir mal), pero puede salir...en fin, todo es calcular lo que uno tiene que ganar y que perder.
No creo que haga falta que la gente se muera de hambre para que se rebele. Ni tan siquiera la hambruna garantiza ago así. La idea del ser humano como ''tabula rasa'' es más compleja y discutible de lo que parece, pero da cuenta de que nuestro repertorio cultural es potencialmente infinito, y puede albergar cualquier tipo de forma de gestión del entorno y de sí mismo que el primero y sus habilidades le permitan. Es decir, volvemos al principio del debate, y vuelvo a decir lo de las respuestas definitivas. Estoy convencido de la posibilidad de cambiar las cosas, pero no tengo ningún proyecto definitivo y general, sólo indicios, pero bueno, para ir tirando con eso sirve.
Soy pesimista por indicios, pero optimista por principios. No se trata de imaginar unicornios rosas invisibles, sino de proyectar y simular un futuro cambiando ciertas variables. Si la lucha obrera cambió las cosas en siglos pasados cuando parecía algo inimaginable, por ejemplo, conseguir la jornada de 8 horas, puede hacerlo de nuevo. O no hacerlo, el caso es que recupere la conciencia de su importancia para exigir en consecuencia.
Y lo de siempre, podríamos pasarnos años sin sacar nada en claro, mientras tanto, si vemos un tren que nos convence, ¿por qué no subirnos?. No debemos tener miedo a cambiar de opinión.
Me reafirmo en lo dicho. De todos modos, me gusta mucho eso de la red neuronal caótica. Me hace imaginar que las revoluciones del futuro no tendrán nada que ver con las del pasado en su forma...
Publicar un comentario en la entrada