Esta es una recreación artística (o no: es posible que haya calcado esta escena de alguna real sin darme cuenta...o que considere usted, avezado lector, que un montaje con el Paint no tiene nada de arte) de la situación de persecución al cliente y la suspensión de la presunción de inocencia en los aeropuertos de todo el mundo, especialmente, según testimonios, en EEUU e Inglaterra.
En algún momento llamado 11-S (¿inside job? no lo tengo del todo claro...pero no es el tema), dejamos de ser personas, clientes, ciudadanos, viajeros, y nos convertimos en terroristas potenciales. Hay un transfondo securitario, no lo dudo (pese a que soy algo conspiranoico al respecto...aten cabos con lo que les contaré después), pero como no soy especialista en el tema, prefiero hablarles de otra cosa en la que me manejo algo mejor: humillación simbólica, calla y obedece, justos por pecadores, y encima por tu bien. ULTRAMEMIA.
Sea por seguridad o por amaestramiento de la ciudadanía, es evidente que el Aeropuerto se está convirtiendo cada vez más en un lugar de miedo: miedo a que el de al lado lleve una bomba, miedo al mareo, miedo a que el avión llegue con un enorme retraso que te joda la combinación, miedo a que te roben o te pierdan las maletas, miedo a que te metan en un compartimento estanco, pánico a una muerte ridícula... Apenas queda algo del bucólico lugar de paso y despedida, donde el neófito intentaba aplacar una ansiedad bastante elemental y los habituales mataban el tiempo sin que se abalanzasen sobre ellos. Hoy en día debes tener miedo hasta de tí mismo.
Controles y cacheos que invaden la intimidad, prohibiciones delirantes, alarmismo, interrogatorios arbitrarios (le pasa a más gente que a Joaquín Cortés, aunque no se lo crean), malas maneras...Son cosas que tenemos que aceptar por nuestra seguridad, porque quién sabe, ''¿y si el de al lado es un terrorista?'' . Aunque la cifra proporcional de ''terroristas''/viajeros a lo largo de la historia de la aviación comercial es ridícula, este miedo es mucho mayor que el que alude a las condiciones de seguridad de aviones viejos y sobreexplotados de compañías de bajo coste (pero bueno, tampoco tienen por qué ser inseguros..y al fin y al cabo, confiamos en los sistemas expertos por algo). Y esto subvierte la lógica: hay muchos más incidentes del segundo tipo que del primero, y con muchos quiero decir mogollón, multiplicación, elevación a la x-ésima potencia, carrusel de incremento diferencial, etc. Hasta ahora, tal vez los pilares discursivos básicos en la construcción del aeropuerto como espacio de interacción social eran seguridad, indiferencia e incertidumbre. Ahora sólo reina el miedo. Vamos aceptando progresivamente que se nos humille, que se suspendan nuestros derechos, y le echamos la culpa a Al Qaeda mientras el funcionario de turno nos monta un escándalo por habernos dejado el cortauñas en el equipaje de mano, nos requisa la botella de agua (que luego nos venderán a bordo por 5€), nos obliga a despelotarnos en público y nos fisga la ropa sucia. Como si no hubiese otra forma de llevar a cabo los controles de seguridad ,que supongo que la habrá...es más, si paso por un escáner con el que se puede prácticamente verme hasta los pelos de los huevos, ¿para qué tanta parafernalia de registros y desnudismo obligatorio antes, durante y después del vuelo?. Si tienen mi pasaporte en regla delante de sus narices ¿para qué tanto interrogatorio?. Ahora, amablemente, se habla de no dejarnos ni tan siquiera utilizar aparatos electrónicos durante el vuelo. Perfecto: el MP3 es un arma de destrucción masiva, por lo que ya no habrá manera de escapar si te toca un brasas al lado. La videoconsola es un artefacto peligroso, con lo que supongo que los padres de hijos revoltosos bendecirán esta medida cuando los ''angelitos'' lleven 6 horas de viaje y ya no haya con qué entretenerlos; a los vecinos de vuelo también les va a parecer de puta madre cuando se pongan a vocear y no haya quien los calle. Y como les dé por querer ir al baño en la última hora de viaje, prepárense, porque serán ustedes unos terroristas en potencia, que van a preparar su bomba al WC, y por ello tendrán prohibido hacerlo. Supongo que esta medida se verá complementada con la instalación de urinarios personales en cada asiento, o con la autorización de mear en el pasillo. ¿Que no? Pues no sé si sentirme aliviado o cagarme en todo (donde y cuando me dejen, claro está, que no quiero acabar en Guantánamo). No somos ciudadanos, somos amenazas. TODOS.
Pero no sólo hay una pretensión de hacer que aceptemos la humillación sistemática y ''preventiva'' como algo natural y moralmente justificable, también debemos tener claro que debemos renunciar a otros derechos para que la cosa funcione, más aún si uno es viajero ''low cost'' (hasta se habla de hacer viajar de pie a la gente en trayectos cortos). Debemos renunciar a nuestra condición de clientes. Concretamente, debemos renunciar a la pretensión de tener un servicio de calidad, de exigir garantías para nosotros y nuestras pertenencias, debemos renunciar, incluso, a la seguridad de que recibiremos el servicio por el que hemos pagado. En este sentido se expresaba el bueno de Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, ante el pifostio que se ha organizado en torno a la ESTAFA de Air Comet. Viene a decir que más tontos somos nosotros, por fiarnos de estafadores. Encima de cornudos, apaleados. Para seguir con las risas, unos señores que cobran millonadas, llámense controladores aéreos o pilotos, se dedican a dar por el saco cada dos por tres para conseguir ganancias aún más fastuosas, con paros encubiertos o huelgas (si hacen manifas, supongo que mandarán al mayordomo a llevarles la pancarta). ¿¿Huelgas?? ¡¡Toma Working Class heroes!!.
En resumen, que esto se merecería una campaña de desobediencia civil o que un Señor Garrison inventase un IT que nos permitiese escapar a la tiranía de las aerolíneas y sus controles. Ah, si no han visto ese capítulo de South Park, véanlo o dios matará a 500 gatitos.
O mejor aún...dejémoslo correr. Creámonos que es todo por nuestro bien. Aceptemos mansamente, no protestemos, creámonos unas noticias que hoy nos dicen que son conductas criminales cosas de las que hasta ayer nadie había hablado. Temamos a los ''desesperados nigerianos'' que actúan por su cuenta, maldigamos el potencial terrorista que todo islámico lleva bajo su piel y que hace que tengamos que viajar con las orejas gachas y haciendo el menor ruido posible. Traguémonos alarmas inventadas y basemos nuestra vida y conductas cotidianas en el temor hacia ellas. Es por nuestra seguridad, y, trístemente, no nos queda otra alternativa. Pero por favor, que nadie se sorprenda cuando, en un par de años, a cualquier viajero se le exija lo que al de la imagen de aquí abajo...





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