
El que escribe estas líneas es un tipo que, por lo general, pasa de ir a clase. ¿Por qué?
En primer lugar, he de asumir que soy un perezoso y un inconstante. Me gusta quedarme hasta las tantas haciendo el gamba o enredando en Internet, lo que implica que a la hora teórica de levantarme no he dormido una mierda, y siempre acabo apagando el despertador cuando suena, salvo ocasiones puntuales (exámenes, exposiciones, días de furia, etc). Cuando he tenido experiencias laborales sí que me levantaba pese a que, por lo general, eran poco motivantes, como pasarse 8 o 10 horas cargando uvas. Sin embargo, ese mecanismo de levantarse a la primera es algo que he perdido respecto a las clases, como mucha gente (a mi me sucedió en 2º curso). Y con ello, me he perdido un mejor seguimiento de mis estudios, una vivencia real de la facultad como lugar cotidiano y, a buen seguro, bastantes conocimientos extracurriculares que hubiera estado bien tener en la cabeza. ¿Qué he ganado por no ir? Pues ni puta idea: he dormido bien casi siempre y he tenido tiempo para solazarme a mis anchas cuando se me metía algún tema entre ceja y ceja. Pero vete a saber, igual hubiese tenido el mismo tiempo para estas cosas reduciendo los ratos ''muertos''. Así que nada, que mejor ir a clase regularmente...porque luego uno se apunta a un segundo ciclo con unas cuantas asignaturas prácticas de asistencia obligatoria (o casi) y ha perdido la costumbre.
Pero claro, si realmente me motivase, supongo que iría. Y este es otro problema: por lo general, me aburre soberanamente, y acabo mirando al vacío o haciendo el idiota en vez de atender. Uno de los motivos es que verme encerrado en un aula (aunque, en última instancia, es una decisión mía estar estudiando) me produce una suerte de tensión para la cual busco conductas evasivas, ya sean de resignación desganada o de hilaridad irónico-absurda. Me siento muy estúpido repitiendo y discutiendo durante hora y media en torno a 3 diapositivas de un ''powerpoint'' que se explica por sí solo en la mayoría de los casos (mérito de los profesores). Los ejemplos extra nunca vienen mal, hay veces en las que incluso son absolutamente imprescindibles porque el concepto o fenómeno es complejo, nunca se ha oído hablar de ello, o símplemente que uno tiene el día romo. Un tipo de estos ejemplos son las exposiciones grupales o individuales: valoro el trabajo de la gente, y hay cosas muy bien hechas, pero es que cuando te las ponen en bloques de clases completas te acabas aburriendo, a no ser que seas tu el que está hablando.
Soy un ''alumno UNED'' tipo: dame las fechas, el material, las instrucciones y un canal para posibles (que no obligatorias) consultas, y déjame, que ya me lo monto como pueda. Puedo serlo, entre otras cosas, por la naturaleza de mis estudios: las Ciencias Sociales (salvo experimentos actuales de producción y realización de audiovisuales, que no es que me tengan con el alma en vilo, la verdad). Evidentemente, si necesitase un laboratorio o un hospital, no podría hacer lo que hago. Pero es que mayormente necesito textos e instrucciones sobre cómo aplicarlos al análisis práctico (para las cámaras y eso...pues hay que ir, porque cuestan demasiado como para tener una en casa). Y coño, no es que sea un lumbrera, es que cualquiera con un poco de interés y una actitud curiosa puede hacer estas cosas por sí mismo (y fijo que en el día a día todos hacemos cosas de esas, aunque sea con temas no estrictamente académicos). Claro que suele hacer falta asesoramiento, y que venir a clase enseña más que no venir (nadie se pira siempre para ir a leerse los apuntes u otras cosas relacionadas), pero tal y como está planteada la cosa, no sólo no es estrictamente necesario, sino que mayormente es accesorio. Desde que deje de ir a clase, mis notas han mejorado: no por dejar de asistir (vete a saber si además hubiese ido), sino sencillamente porque voy manejando las técnicas y conceptos con mayor soltura, lo que se supone que sucede cuando vas quemando etapas educativas.
Realmente, no soy un putísimo vago en sentido literal, porque al menos procuro informarme y empezar a hacer las cosas cuando se acerca el minuto 87 de partido. Lo más cojonudo es que me pongo kamikaze y suelo salir airoso, aunque sea en el tiempo de descuento. Pero claro, las prácticas en el fondo no se plantean como un aprendizaje aplicado que se graba y operacionaliza mejor en la memoria que la teoría desnuda, sino como una cadena para atar al estudiante a la asignatura y, de paso, dar la imagen ''boloniesca'' de la evaluación continua y todo ese rollo. Vale, lo que dije antes de las Ciencias Sociales restringe en abanico de prácticas posibles (aunque bueno, he oído hablar e incluso he participado de cosas realmente originales, estimulantes y bien planteadas: debates moderados, investigaciones sobre el terreno, análisis de materiales originales...), con lo que mi crítica no es al contenido (aunque a veces se exige poca profundidad), sino a su escasísimo peso en la programación y la evaluación. Raro es que superen el 30% de la nota final, fiando la mayor parte a exámenes puramente memorísticos hasta en casos en los que las prácticas suponen una alta carga de trabajo, mayor que la de este. También es muy frecuente que no se den las calificaciones de las prácticas hasta el día del examen, o al menos hasta meses después de su realización. Por supuesto, se da la nota a secas, no el ejercicio corregido, con lo cual te resulta difícil saber si vas por buen camino. Luego está la cosa de que ''te vean la cara'', que vayas a clases teóricas asiduamente. Hay profesores que lo incluyen en sus criterios de evaluación y alumnos que lo exigen con fervor...pero es que esto no es la ESO. La Universidad se supone que debe serguir criterios de excelencia, respetando la autonomía siempre y cuando sea posible, no premiando por estar sentado sin más, aunque sea leyéndose el Marca con cierto disimulo. Ir a clase sólo tiene mérito si se aprovecha y eso se ve en la comprensión de la materia. En los exámenes no hay preguntas ''de razonar'', y a menudo las prácticas ser corrigen al peso. Por eso, auténticos robots sin espíritu crítico y con un pensamiento muy poco elaborado pueden sacar notazas sólo a base de memorización no aplicada. Y así salimos al mercado laboral, sin saber hacer casi nada útil, más que citar y recitar autores como un tocadiscos. Las licenciaturas de nuestro campo de estudios parecen no ser más que fábricas de opositores para puestos de funcionariado raso, la formación de gente con capacidades para el análisis científico o ciudadanos críticos son algo muy secundario, que se deja al libre albedrío o se posterga a los posgrados, por lo general costosos y no siempre en correspondencia con la calidad de la educación ofrecida, o también inespecíficos.
Aunque lo de que esto no es la ESO tampoco lo tengo muy claro. A menudo, los profesores se quejan, con razón, de cosas como la incapacidad de redactar de forma coherente o las numerosas faltas de ortografía, cosas que deberían darse por supuestas superado el Bachillerato. Suele faltar madurez y seguridad en el propio conocimiento, que se manifiestan en quejas infantiles o mal planteadas y aversión al vocabulario técnico. Aunque hay profesores pasotas, ineptos o sencillamente mala gente, cada vez estoy más convencido de que la mayoría son gente con muchísimo que enseñar y unas orientaciones razonables, pero con poca imaginación didáctica. De hecho, por lo general, me merecen más respeto que el colectivo estudiantil, demasiado preocupado en chuparse la polla (o chupársela a quien tenga una migaja de poder) y pasar de puntillas por el conocimiento de su disciplina, con el único objetivo de titularse sin comerse mucho el coco.
En fin, que la universidad presencial para las Ciencias Sociales tiene sus valores, pero hay que echarle imaginación para garantizar que la gente salga ''sabiendo hacer cosas'' o no salga. Eso, o el modelo UNED de que sea uno mismo quien mastica la información bruta más o menos por su cuenta. O un modelo mixto, pero coherente, no como el actualmente dominante.
Hay que ir a clase, pero si pasas de ir, al menos preocúpate de crecer intelectualmente...
P.D: Un ejemplo de asignatura bien planteada en el sentido que expongo es ''Etnografía y Técnicas de Investigación'', de 4º curso de ASyC de la UNED , cuyo planteamiento y forma de evaluación aúnan exigencia, madurez, autonomía y reflexión. ¿El examen? Con todo el material que quisieras llevar y bastante temido en los foros de la asignatura, porque como no tengas un manejo buenísimo de las lecturas y los conceptos, vas al hoyo. Eso sí: siguiendo la guía didáctica al dedillo, es fácil conseguirlo, pues está muy bien elaborada y clarifica todo de forma exhaustiva.
martes 22 de diciembre de 2009
Ecosistema universitario: mis razones para la desafección
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