Me pongo las pilas con esta miniserie de dirrea verbal antes de que empiece a darme perezasco acabar con ella. Ahora le toca el turno a la tradición, que es una maldición, al igual que las jerarquías son una porquería y un patriota, un idiota (La Polla dixit).
Alguno (perdón, ''alguno, alguna o algune'', por no discriminar a nadie) se va a llevar un susto, pensando que entre mis planes está pegarle fuego a Urueña, inmolarme en un concierto de Candeal o pedir la ilegalización del refranero. Tranquilidad, que a mi eso del ''NO FUTURE'' tampoco es que me convenza del todo. No creo que estuviese estudiando Antropología si el tema me diese asco de entrada, lo repugnante es su utilización para legitimar cosas que deberían cambiar. Sorprendentemente, esta crítica es aplicable no sólo a los política y moralmente ''conservadores'', sino también a los progresistas e incluso revolucionarios, acostumbrados a no llamar así a sus dogmas reciamente sedimentados.
Como sociedades, tenemos un repertorio de prácticas culturales a elegir de acuerdo al ambiente tecnoeconómico(gracias, Marvin Harris) y a una serie de orientaciones superestructurales (hoy es que estoy de un materialista que no me aguanto). En este elenco, hay cosas de creación más antigua o más reciente, se supone que las primeras hay que conservarlas por una especie de sentimentalismo o nostalgia del viejo orden, y a las segundas hay que darles una oportunidad ''por si acaso''. Pues yo creo que ni lo uno, ni lo otro. Las prácticas sociales deben ser perpetuadas o abandonadas en función de su coherencia con los sistemas culturales concretos, y, sobre todo, de su utilidad para hacer mejor la vida en sociedad. Ya sé que cada uno interpreta ''mejor'' como quiere, mi criterio es el siguiente: si mejora el bienestar, es universalizable y no supone cortapisas a libertades que no coaccionan otras que a su vez no coaccionan (la parte contratante de la primera parte...). Por poner un ejemplo: no creo que sea excesivamente malo que se prohíba la esclavitud, aunque coaccione la ''libertad'' de esclavizar mediante la coerción a otros seres humanos.
Como el término tradición es tan extenso como el legado social de nuestros ancestros, es lógico que encontremos bajo su manto todo tipo de prácticas: las prácticas de higiene, los ritos religiosos, el arte...No existe discriminación temática, y tampoco connotación: el que una cosa sea ''tradicional'' no la hace buena o mala, sólo una opción más.
Existen tradiciones malignas, como la pena de muerte. Existen tradiciones positivas, como los derechos humanos. Existen tradiciones más o menos decorativas, pero que nos mantienen en contacto con nuestro pasado y merece la pena mantener, como lo que normalmente se conoce como folklore (música, danza...). Por último, hay otras similares a las anteriores que son, sencillamente, una tontería, como la tauromaquia. Siempre digo lo mismo: me parece tan absurdo como jalear a un notas que se pega un tajo y se tira a una piscina llena de tiburones blancos. ¿Valor? No, es una simple temeridad. ¿Arte? Pues no, no creo que existan formas artísticas de matar. Como mucho, fenómeno estético. ¿Nos enseña algo de nuestro pasado? Si: antes cazábamos, y el concepto de honor celtibérico hace aguas. Fin de la lección. No soy partidario de la prohibición, pero espero y deseo que la ''fiesta'' muera por sí sola.
La temporalidad es un criterio banal. La tradición es maleable. No dejemos que el pasado piense por nosotros.
viernes 20 de noviembre de 2009
Temas que dan perazasco. Volumen 3: ''La tradición''
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